lunes, 24 de enero de 2011

Clarulina + Jaime Sastre


Mariela era era la mujer más bella de la cordillera y, por supuesto, la más deseada, pero a
Mariela nunca le robaron el corazón. Si conocía a alguien que le gustaba, y detectaba la menor
posibilidad de peligro, se daba la vuelta y salía corriendo. Al llegar a casa, guardaba los besos que no había dado en una bolsa de besos, (son parecidas a esas que uno usa para calentarse los pies en la cama, sólo que más gruesas porque deben resistir más temperatura). Para Mariela eso era suficiente, por las noches se ponía la bolsa en el pecho y se quedaba dormida al calor de las vidas posibles junto a aquellos hombres improbables. Pero pasaron los años y Mariela notaba que la bolsa se iba enfriando, pensó que tal vez echando un poquito de agua hirviendo compensaría el calor perdido, pero eso hacía que, al acostarse, las imágenes fueran cada vez más débiles; otro día se le ocurrió hablar con un extraño en un bar, pero al llegar a casa encontró que no había nada que meter en la bolsa; desesperada, probó incluso a meterla en el microondas, pero entonces los recuerdos se hacían ya demasiado lujuriosos para su edad. Y así fueron pasando inviernos y el frío se iba apoderando de Mariela, hasta que, finalmente, una noche de luna llena reunió el valor para hacerlo. Dejó correr el grifo de agua caliente y se metió, poco a poco, en la bañera. Estuvo un buen rato hipnotizada, observando, en la penumbra de la luna, cómo la bolsa flotaba vacilante entre sus rodillas. Lentamente, la botella navegó hasta encallarse en su barbilla. Mariela la tomó entre su pecho una última vez y aflojó muy despacio su tapón, luego cerró los ojos y, beso a beso, fue derramando el contenido, suavemente, hasta que, al fin, no quedó nada en su
interior...

Santamaria
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Obra de Jaime, cuyo blog podéis visitar en:

Clarulina + Íngrid


Pensaron que tras las dunas, sus disfraces resultarían invisibles a los ojos de quiénes creyeron que les perseguían y, que la noche oscura acudiría también en su ayuda.
Tras caminar día y noche con los zapatos llenos de arena caliente, decidieron parar. Huían de sus miserables vidas de hurto.
Al anochecer, no muy lejos, oyeron unas voces que no tardaron en acercarse, ¡maldición! ¡les habían encontrado! De poco había valido caricaturizar sus cuerpos imitando a quiénes se querían parecer para no ser reconocidos.
Derrotados por el evidente fracaso de huida, empezaron a despedirse el uno del otro haciendo gloria de hazañas pasadas al tiempo que esperaban ser prisioneros.
Pero nunca llegó ese momento, pues era el miedo el único enemigo que les seguía.
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Obra de Íngrid, cuyo blog podeis visitar en:
(Porfavor Íngrid mandame tu blog!)

domingo, 9 de enero de 2011

Clarulina + Cartaphilus


Antes del incendio
A veces no verlo todo es la única opción. Percibir apenas; captar una impresión. Fugaz y leve. Después, quedarte ahí con los ojos abiertos, la mirada perdida, la imaginación en pause, posada en el borde de alguna copa, quizás una taza, que inestable sobre una mesa de papel se romperá en mil pedazos en cuanto el viento sople. Y el viento siempre sopla. Siempre sopla. El corazón del pájaro está cansado. Simula que nada le preocupa excepto su alimento. Sin embargo, presiente el peligro del lugar donde se halla, un fuego que lo devorará, pero del que por ahora no puede escapar. No hay jaula ni hay trampa ni ataduras que le impidan volar. Solo el deseo de quedarse ahí. Ahí mismo, quieto sobre esa taza de bordes cálidos que aún huelen a tus labios, que todavía saben ligeramente a ti.
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Obra de Cartaphilus, cuyo blog podeis visitar en la dirección:
http://logicaaromatica.blogspot.com/

Clarulina + Artistalight y Alberto Niñocactus


SOÑADOR

Frente al Universo

siendo la noche testigo
querido amigo
te quiero jurar
que este amor que abrigo
no tiene maldad
no sé cómo ni sé cuando
dejó de ser amistad
Frente al Universo

en este mundo irreal
mis pensamientos
son estrellas
brillando en la inmensidad
déjame querido amigo
Déjame al menos soñar...


María Luisa Terrero

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Artistalight(Maria Luisa Terrero)
http://artistalight.blogspot.com/



Alumbrar lo cotidiano


Martín tiene ojos de estrella porque se pasa las noches mirando al cielo.
En el pueblo, todos hablan de él.
–¿Cuándo sentará la cabeza este muchacho? –se preguntan. Pero al cruzarse con Martín, nadie es capaz de decírselo. Se quedan mudos, perdidos en su mirada, llena de instantáneas luminosas. Y cada cual encuentra una imagen especial para sí.
En los ojos del joven, la maestra se ve montada en una motocicleta, recorriendo a toda velocidad carreteras llenas de curvas entre montañas escarpadas. El panadero demuele edificios inútiles y los convierte en jardines llenos de naranjos y margaritas indecisas. La mujer del lechero toca las campanas de la iglesia, componiendo sinfonías con su repique melodioso. Y el posadero se descubre como avezado constructor de ascensores para subir a las nubes.
Martín es hacedor de sueños y no quiere guardárselos para él.
Por eso, en el pueblo, la maestra vuela con su bicicleta camino de la escuela; el panadero añade un poco de agua de azahar a la masa de los molletes; la mujer del lechero hace tintinear las botellas durante los repartos; y el posadero pone doble de espuma al servir la cerveza.
Allí, todos los vecinos poseen un pedacito de estrella, aunque la mayoría ni se lo imagina.

Alberto NiñoCactus

martes, 4 de enero de 2011

Clarulina + Naoj River




No merece la pena

Raquel llevaba dos botellas enormes de agua salada para el acuario del pez león. Acarreaba los veinte kilos de mar en un carrito de ruedas pequeñas y negras. Fue durante su viaje a Australia cuando se aficionó al submarinismo. Y al regresar, pensó que podría tener un pedacito de océano en el salón de su hogar, junto al televisor.

Los acuarios de agua salada conllevan cierto sacrificio: el tiempo. Pero merecía la pena.

También había pasado por la panadería de Chema, que le caía un poco lejos de casa, para comprar una baguette recién horneada. Fue durante su viaje a París cuando se aficionó al buen pan. Y al regresar, pensó que podría encontrar una buena panadería de estilo francés.

Caminar hasta la panadería de Chema conllevaba cierto sacrificio: el tiempo. Pero merecía la pena.

Además de las dos botellas de agua salada y la barra de pan, Raquel había sacado a pasear a su perrito Copo de Nieve. Fue durante su viaje a Canadá cuando se aficionó a caminar en lugar de coger el transporte público. Y al regresar, pensó que podría seguir con su afición si se compraba un perrito al que sacar a pasear tres veces al día.

Los perritos de color blanco conllevan cierto sacrificio: el tiempo. Pero merecía la pena.

Quizás, empero, acarrear las dos botellas de diez litros cada una sería más sencillo con un coche pequeñito, fácil de aparcar. Pero aprender a conducir conlleva cierto sacrificio: el tiempo. Y eso, no le merecía la pena.

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domingo, 2 de enero de 2011

Clarulina + Anonimamente



Los posos de mis penas
Ocurrió en una noche de soledades encontradas, de nostalgias envueltas en nieve seca. Sobre el blanco de un refugio imaginado, la mesita de tapete dorado asistía, a deshora, a mi te.
En la superficie de la tacita, encontré un reflejo inusitado: una esfera nacarada bañándose feliz, despegando de su boca burbujillas que producían la melodía risueña de una estrella errante.
Me acerqué aún más a tan feliz acontecimiento, y al asomar mi hocico hasta el borde de la loza, la esfera dio un respingo, mientras confusa chocaba contra las paredes del recipiente.
Mi asombro fue en aumento cuando escuché su voz quebrada: por favor, no me bebas, aún he de alumbrar muchas noches, conocer muchas historias, saborear muchas confidencias, perdona mi torpeza, he debido caerme en tu pequeño firmamento.
Le prometí devolverla a su cielo; con cuidado la llevé hasta otra taza vacía y le pedí que cuando estuviera seca, me avisara. No debía dejar una luna atrapada.
Fui hasta la entrada y descolgué el espejo, lo acomodé en una butaca y minutos más tarde, la esfera nacarada brilló de un salto hasta el espejo.
Gracias!, ahora ya puedo continuar mi viaje exclamó.
Y del reflejo saltó al firmamento, en el cual la envolvía, como un manto, una de mis lágrimas.
Desde entonces, en mis noches desveladas, no he vuelto a sentirme solo, ya que saboreo el secreto que me descubrió su torpeza: que el cielo y las estrellas caben en una taza de te.
Ángeles Sánchez
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Obra de Anonima Mente, Ángeles, cuyo blog podeis visitar en la dirección: