sábado, 27 de noviembre de 2010

Clarulina + Ana V. y Pedro Ferrer



Marina vuela
Marina cierra los ojos, el color azul la impregna totalmente y cuando ella también se siente azul, su globo comienza a elevarse.
Poco a poco va abriendo los ojos y empieza a ver pájaros, dando vida y sonido al paisaje. Los mira y se concentra en ellos, contempla su vuelo travieso con un destino prefijado y les imagina historias de amores y hogares por el mundo.
Cuando mira abajo ve los campos que se extienden bajo el aire, ordenados y cuadriculados como baldosas de vida.
Siente como una nube absorbe su globo hasta no ver nada más que la nube, sintiendo su frío y humedad, y por capricho vuelve a soltarlo, inundándose de nuevo de ese color azul con el que se siente tan segura.
El mismo azul de las baldosas del baño, donde Marina se esconde cuando papá entra en casa dando un portazo.


Ana Vidal
http://relatosdeandarporcasa.blogspot.com







El día en que todo cambió


No recuerdo el instante en que me desmayé. Sólo imágenes confusas: el crujido metálico de las ruedas al girar, un fluorescente que chisporroteaba con tesón, mi lucha inútil por incorporarme. A lo lejos, un murmullo de voces insistía en que no había tiempo que perder.

Ni el olor aséptico y penetrante del quirófano logró despertarme. Mis exiguas fuerzas me habían abandonado definitivamente. Ya no sentía nada. Y así, ingrávida, ligera como una pluma, comencé a volar. Mi cuerpo, o más bien el cuerpo de la niña pelirroja que fui, rellenaba la barquilla de un globo. Agarrada al cesto de mimbre con unas manos enormes, subía y subía sobre la llanura de mis juegos infantiles. Hacía frío allí arriba. Por fortuna, mi subconsciente suele ser precavido y llevaba puesto el suéter de lana violeta que la abuela tejió para mi cumpleaños. ¡Cuánto la echaba de menos!

Mi sueño continuó inundado de azules, de alegrías perdidas, de nostalgia por unos padres siempre ausentes, pero también era un viaje lleno de esperanza hacia todas las emociones que con suerte aún me quedaban por vivir. Cuando empezaba a descender, una bandada de golondrinas me sobrepasó a toda prisa. Su estela olía a pinar y a hogaza recién horneada. Estiré el cuello todo lo que pude para hacer durar más esa sensación. En aquel momento de euforia, me sentía capaz de lograrlo todo y decidí que debía regresar.

De repente, el turquesa del cielo se transformó en un verde intenso de batas y mascarillas, y sentí como si cientos de agujas recorrieran todo mi cuerpo adormecido. Poco después, las manos enormes del globo sostenían una nueva vida en la sala de partos. Al ver a la pequeña Laura sana y salva en mi regazo, supe que aquel día habían nacido un par de luchadoras que iban a dar mucha guerra en este mundo.

Pedro Ferrer

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Clarulina + Patricia(Patokata)



TÉ EN EL PARAÍSO

Por fin…había sido tan largo el día.
Tantas horas deseando este momento de sosiego, de paz, de estar con ella misma en ese instante sagrado.
Con los ojos perdidos en el paisaje que la circunda respira hondo.
Posa su vista en las hojas que caen juguetonas y forman una alfombra en tonos ocres, que se tornan rojizos por el atardecer.
Una alfombra viva hacía el paisaje, hacía la naturaleza, hacía su rincón...donde llegan los últimos vestigios de luz y calor del sol que se oculta en el horizonte.
Su momento de unión con el aquí y ahora y esa tan ansiada taza de té humeante que, confabulada con la brisa, deja su aroma y se lleva las malas vibraciones con el humo.
Al fin…por fin…no necesita nada más, sus sentidos y el paisaje bastan para saborear el instante en este atardecer…

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Obra de Patricia-Patokata, cuyo blog podéis visitar en la siguiente dirección:
http://mismusaslocas.blogspot.com

lunes, 22 de noviembre de 2010

Clarulina + Acuática




Aves


Acaba de comenzar la jornada en el campo y Manuela y Juana ya parlotean como dos cotorras mientras recogen el grano. Conversan entusiasmadas sobre la proximidad de la verbena que tendrá lugar en un par de días, cuando finalice la siega. Las dos coinciden en que el pueblo merece una buena fiesta para olvidarse durante unas horas del año tan difícil que han sufrido por culpa de la guerra.
Manuela está especialmente emocionada porque sabe con certeza que Francisco la sacará a bailar en cuanto llegue a la plaza y no puede dejar de imaginar como transcurrirá la velada. Aunque intente guardar la compostura y parecer tranquila ante su amiga la rapidez con la que maneja la hoz y la forma enérgica con la que espanta a los mirlos que se acercan a la mies delatan su nerviosismo. Juana por su parte es consciente de que no tendrá tanta suerte con su pareja como Manuela, pero ella es ante todo una mujer práctica y confiesa que prefiere volver a encontrar un nido repleto de huevos de codorniz entre las espigas antes que dar con un bailarín apuesto. Ambas ríen el comentario y las decenas de tordos, vencejos y gorriones que se posaban sobre el trigo salen huyendo en desbandada al unísono. Las amigas se miran con incredulidad, extrañadas de que sean las culpables de la estampida. Tan sólo unos instantes después oyen el ruido de los motores de los Gavilanes metálicos surcar el cielo.
En los pueblos vecinos recuerdan la fecha como el día que volaron los nombres.
Safe Creative #1011227909921

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Obra de Acuática, cuyo blog podeis visitar en la dirección: